Drago de SietefuentesDRAGOS CENTENARIOS

        Cuenta la mitología que Ladón, el dragón milenario muerto por Atlas y que vigilaba el Jardín de las Hespérides, sigue vivo en sus hijos, los árboles llamados dragos. Según la leyenda, la sangre que manaba de las heridas mortales del dragón cayó sobre el Islas Canarias (tierras en las que se ubicaba al Jardín de las Hespérides), y de cada gota creció un drago. Estos árboles, llamados "árbol dragón", tienen un grueso tronco del cual surge de pronto un racimo de ramas retorcidas que parecen las cien cabezas de Ladón.

        Los guanches, antiguos aborígenes de Tenerife, adoraban al drago como su espíritu protector, y le atribuían propiedades curativas, sirviéndose de su savia roja para preparar pócimas empleadas en ritos esotéricos. Creían que esta savia provenía de la sangre de los dragones, si bien en realidad, la savia es incolora y sólo al contacto con el aire y la luz adquiere tonos rojizos. El drago era un elemento totémico y a su alrededor se reunía el consejo de ancianos para administrar justicia, en nombre del dios Acorán, conmemorando también el pueblo en torno a él, las festividades religiosas.

        El ilustre historiador José de Viera y Clavijo hace referencia en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, a que la sangre de drago no sólo era empleada medicinalmente, sino también era muy solicitada para la elaboración de tintes, barnices o como forraje, usos éstos que aún hoy podrían mantener vigencia.

© Excmo. Ayuntamiento de la Histórica Villa de Los Realejos. 2004